Acababan de asesinar a Jaime Pardo Leal, y ese mismo 12 de octubre de 1987, el joven movimiento con apenas dos años de vida, no dudó un instante, a pesar de ser una formidable cantera de cuadros, elegir por unanimidad a Bernardo como su nuevo líder. BERNARDO desde muy joven, casi un niño, se entregó por entero a la causa popular. Fue dirigente estudiantil de secundaria en su natal Manizales y como integrante de la Juventud Comunista JUCO, llega a su comité central en 1976 con apenas 23 años.
Más tarde vendría la universidad donde se gradúa como abogado. Pasa al partido comunista y lo vemos en Apartadó donde la UP es la primera fuerza. Allí presencia el rostro crudo del paramilitarismo que se ensañaba en veredas y pequeños poblados.
Años después, la solución política negociada al conflicto interno que sufre Colombia y por la que libró tenaz lucha en su corta vida, continúa vigente y al centro del debate nacional.
Años después de su desaparición física, flagelos como esa impunidad que nos avergüenza en el concierto internacional, continúa campeando con tanta frescura como la corrupción sin nombre que todo lo permea.
Años después del crimen cometido contra ese caldense maravilloso, la exclusión social y la negativa de los sectores dirigentes a la opción de una tercería política en Colombia, continúa causando estragos.