Sin embargo, desde nuestro arribo a la Jugenhochshule Wilhen Pieck, ubicada en las afueras de Bernau, cerca a Berlín, el 10 de septiembre de 1976, germinó entre nosotros una sólida amistad fundada en la colaboración mutua, en nuestro pasado militante común, y, días más tarde, en nuestro romanticismo y compinchería.
Yo tenía 21 años. Tú, tal vez, unos pocos más. Pero, nuestros sueños y ganas de vivir eran los mismos. En eso nos distanciábamos un poco con nuestro otro Camarada, mientras fortalecíamos vínculos de amistad, sobre todo con Obdulio Varela, delegado de la Juventud Comunista Uruguaya -con quien compartíamos habitación-, con Joaquin, -el alemán que hablaba inglés, ruso, polaco y francés, y que se hizo novio de Natalia la Tica, para terminar hablando español-, y dos o tres jóvenes comunistas chilenos, de quienes nos hicimos amigos entrañables.
Nuestra responsabilidad principal era estudiar. A eso nos habían invitado. En gran medida, a eso nos dedicamos y en esa misma proporción cumplimos. Digerir toda la teoría marxista que no habíamos podido conocer, más las experiencias prácticas de construcción de un Estado Socialista, resultaba muy interesante y agarrador. Pero, éramos tan jóvenes, y habíamos vivido tan limitados económicamente, que tan pronto como conocimos la calidad y cantidad de cerveza que consumen los alemanes, comenzamos a emularlos. Y solo paramos, cuando se agotaba el estipendio. Y los alemanes nos toleraban, porque nos entendían.
No obstante, siempre sacamos tiempo para adelantar iniciativas extra oficiales que mejoraran nuestro conocimiento del Socialismo. Aunque no siempre bien hechas. Te acuerdas que alguna vez, para llegar a la librería internacional, en el centro de Berlín, nos tocó cruzar la Unter den Linden, al estilo de como se pasan las vías en Bogotá? Esa vez nos le volamos a la policía. Y te acuerdas que en otro viaje a Berlín, llegamos tarde a Bernau, perdimos el único bus que nos regresaba a la escuela y no nos alcanzaba el dinero para el taxi. Total, nos tomamos lo que nos quedaba y pasamos toda la noche metidos en el tren, entre Bernau y Berlín. Esa vez nadie nos pilló, te acuerdas?
Te acuerdas de nuestra tristeza cuando en el buzón solo encontrábamos despachos de la agencia de prensa relacionados con Colombia y cómo bailábamos de alegría cuando te llegaban cartas de Josefa, y a mí de María Isabel? El Socialismo nos dio la oportunidad de ser felices, y aunque podíamos haber aprovechado mejor la experiencia, llegar a esa misma conclusión fue interesante.
Por eso, diez años después cuando el PCC me brindo la posibilidad de ir a una nueva escuela, pedí que fuera a la RDA. Casualmente me reencontré con Joaquin y con Anneli, la compañera aquella que nos llevó a casa de sus padres en Wittemberg, en diciembre. Todos te recuerdan.
Hoy, recuerdo que a nuestro regreso nos despedimos en Caracas, el 2 de julio de 1977. Y fue la última vez que nos vimos. Volvería a saber de tu vida, cuando a través de VOZ conocimos la infausta noticia. Pero tus convicciones, tu alegría y tus carcajadas, viven en mi memoria; porque la Camaradería militante y la compinchería juvenil, nos hicieron amigos para siempre.
Neiva, marzo 9 de 2015.
PABLO EMILIO ESCOBAR POLANIA.