Los vecinos llamaron insistente mente a la policía mientras estaban ocurriendo los hechos y la policía no actuó. El camión macabro salió sin problemas de la ciudad aunque la policía y el ejército recibieron la información de la población. El reten militar que estaba en el Llanito dejó pasar a los victimarios con sus víctimas. La ciudad, y sobre todo los sectores populares de la ciudad lloraron el hecho. Todos tenemos el recuerdo del sepelio, frente a la sede de la USO.
La misa presidida por Monseñor Jaime Prieto y en la calle los ataúdes vacíos que tenían sobre la tapa la foto de cada uno y cada una de las desaparecidas. Luchadores nacionales e internacionales de Derechos Humanos, ante las dimensiones del crimen de lesa humanidad, llegaron para establecer un juicio de responsabilidades. Testimonios significativos afirman que Camilo Morantes fue el autor de la masacre. Morantes era un paramilitar que actuaba desde el cuartel general de las autodefensas en San Rafael de Lebrija (a 50 kilómetros por vía pavimentada hacia el norte de Sabana de Torres). Morantes fue asesinado a finales de 1999 por los grupos de Carlos Castaño que buscaban la hegemonía en la región. Pero Morantes no actuó solo.