Martes, 20 Enero 2015 22:58

El Wolswagen amarillo - Guillermo Alfonso Cujavante

15 de marzo, conmemoración de su asesinato Febrero de 1988 se había ensañado contra la Unión Patriótica. El movimiento que aún no cumplía tres años, era objeto de una feroz persecución que buscaba liquidarlo a sangre y fuego.cujavante Varios líderes del partido habían caído asesinados en diferentes sitios del país. Por ese entonces, ya se contaban más de 300 los mártires de la UP. Córdoba no era la excepción.

El 4 febrero un sicario ultimó en Montería a Zenón Conrado, abogado, defensor de presos políticos. El 26, caía en la misma ciudad, el activista Marco Tulio Pérez. Y un día después, en Cereté, el candidato a la asamblea departamental por la UP, Geminiano Pérez, vería el rostro de la muerte en su propia casa. Entrevistado por el Centro de Memoria para rememorar la muerte del líder de ese movimiento, Guillermo Alfonso Cujavante, asesinado por paramilitares el 15 de marzo de 1988 en Montería, el día siguiente de salir electo como concejal, Pérez, nos sorprende con el relato de su propio atentando. "Un poco después de las siete de la mañana del 27 de febrero, un sujeto que requería mis servicios como abogado, una vez en la sala de mi casa, desenfundó una pistola 9 mm y comenzó a dispararme.

Yo solo atiné a ponerle la mano en el cañón y forcejear con el asesino", recuerda. "En su loca carrera por eliminarme, hirió gravemente a mi mujer, Ilma Vargas y mi cuñado, Tomás Zúniga. Este, sin pensarlo dos veces y con aventurada puntería, pues yo estaba aun en un cuerpo a cuerpo con el sicario, lo eliminó de un certero disparo en la frente", relata. Pérez, con la mano destrozada, consiguió llevar a su esposa y su pariente a la clínica de urgencias donde pudieron todos salvar sus vidas. Sospechosamente el policía que le habían puesto para su protección, minutos antes de llegar el sicario, se había esfumado.

Geminiano Pérez, una vez sus familiares se habían recuperado, no tuvo más remedio que dejar su tierra, a pesar incluso, de haber salido electo como diputado por la UP, 15 días después de la tentativa de homicidio. "Jamás hubo una investigación por este hecho y menos detenidos. La impunidad total", afirma. Entonces habla de la muerte de su entrañable amigo y compañero de lides, Guillermo Alfonso Cujavante. "El Cuja, como le decíamos cariñosamente, fue acribillado con una sevicia sin nombre, más de 20 disparos recibió aquel 15 de marzo de 1988, apenas un día después de sacar una altísima votación para el Concejo de Montería", anota.

Los sicarios, añade, llegaron instantes después que este abogado defensor de derechos humanos, entrara al taller donde iba a retirar su Wolswagen amarillo recién reparado. Ya era muy popular en toda la región a su paso en el escarabajo dorado. Con un socarrón "felicitaciones señor concejal", tres sicarios descargaron su armas en el cuerpo de Cujavante. "Pensaba marcharse casi de inmediato en su Wolswagen para Bogotá, como ya lo había hecho varias veces, para escapar del asedio paramilitar. Esta vez no alcanzó", anota. "Con el asesinato de Cujavante se golpeó al corazón mismo de la UP en Montería. El Cuja era un verdadero líder popular, gran tribuno y querido por todos", recuerda. Nacido en Monguí, Boyacá, Cujavante, ya siendo un joven comunista, optó por evadirse, ya en filas, del servicio militar.

Se refugió en Montería y sin ser bachiller, su audacia juvenil y su capacidad de autodidacta lo llevaron a ser profesor en 1963 del Colegio Nacional José María Córdoba en la capital cordobesa. Incluso dictó clases de inglés y francés. "Como no podía andar sin papeles, terminó en un santiamén su bachillerato y más tarde, con la ayuda de los amigos, se marchó a Bogotá donde culminó con las mejores notas, su carrera de abogado en la Universidad Autónoma", repasa Pérez, alumno suyo en el colegio, sobre esos años de Cujavante. "El Cuja regresa en 1982 a Montería y comienza una exitosa carrera profesional y política en las filas del recién nacido partido de la UP", añade. Cujavante, dejó tres hijos de 6, 12 y 15 años el día de su muerte y cuando aun no cumplía 45. Su crimen, como todos los de la UP, sigue en la impunidad. Su entierro en Montería lo recuerdan todos. "Jamás se había visto tanta gente en unas honras fúnebres en la ciudad, era el sentido homenaje a un hombre que le dedicó su vida a las causas populares", enfatiza Pérez. Su Wolswagen amarillo jamás se volvió a ver por las polvorientas calles de Montería.

Por: Roberto Romero - Centro de Memoria, Paz y Reconciliación

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