Bernardo desde muy joven, casi un niño, se entregó por entero a la causa popular. Fue dirigente estudiantil de secundaria en su natal Manizales y como integrante de la Juventud Comunista JUCO, llega a su comité central en 1976 con apenas 23 años. Más tarde vendría la universidad donde se gradúa como abogado. Pasa al partido comunista y lo vemos en Apartadó donde la UP es la primera fuerza. Allí presencia el rostro crudo del paramilitarismo que se ensañaba en veredas y pequeños poblados.
Su primera esposa, Ana Lucía Zapata y sus dos pequeños hijos, Paola Tatiana y Bernardo, a quienes profesaba un inmenso cariño, se quedaron en Manizales. El procuraba verlos cada semana, hurtándole un poco de tiempo a sus ajetreos políticos. Lo volvimos a ver en la capital del Urabá antioqueño en casa de la alcaldesa, militante de la UP en una de esas visitas periodísticas a la región. "Cuando salgo en la noche por estos lares de Apartado, tengo la mano en mi pistola presto a cualquier acción del sicariato, pero solo en defensa propia", nos dijo en la pista de El Dorado cuando la noche del 30 de agosto de 1986 fuimos a recibir, con una docena de militantes de la UP, la familia y algunos periodistas, los restos de su entrañable amigo Leonardo Posada, recién electo representante a la Cámara por la UP.
Posada fue asesinado por el paramilitarismo en Barrancabermeja y Bernardo, cuando refería su apego a un arma para su estricta protección, daba así cuenta del enrarecido clima de intolerancia que agobiaba a Colombia. Pero siempre fue enemigo de una salida militar al conflicto y creía firmemente en los caminos de paz a través del diálogo y no con las armas. "En Colombia no hay cabida para una salida militar a la crisis, ni de parte de la guerrilla ni de parte de las fuerzas oficiales. La única posibilidad que hay es la solución política a través del diálogo y la negociación para allanar el camino hacia la paz", señalaba en una entrevista de prensa al periodista que escribe estas notas seis meses antes de su muerte. (1) Para ese entonces los muertos de la UP pasaban del millar sin que el país hiciera nada por acallar a los asesinos.
En 1988 Bernardo sale electo al Senado por Antioquia y allí muestra su perfil de combativo parlamentario poniendo en picota al sistema en memorables debates. El 9 de septiembre de 1989, en un inmenso congreso de la UP, que selló la unidad del movimiento, Bernardo es escogido como candidato presidencial y comienza una fulgurante campaña bajo el lema "Venga esa mano país". Muy pronto el eslogan se hizo popular en vallas y miles de afcihes donde aparecía su retrato alegre saludando con el brazo en alto. Y comenzó a convertirse en el objetivo más preciado del paramilitarismo. Mariela Barragán, con quien vivió los dos últimos años, y presenció el asesinato de Bernardo ese 22 de marzo de 1990 en el puente aéreo de Bogotá, minutos antes de abordar un avión que los llevaría a Santa Marta, describe a Bernardo para esta página del Centro de Memoria. "Bernardo era un hombre moderno de una profunda sensibilidad.
Hoy estaría trabajando con todo ahínco por un nuevo país, sin exclusiones, democrático y más justo. Le hace una enorme falta a Colombia". Para Mariela, Bernardo resumía lo que podría ser un verdadero bacán. "Le encantaba el tango, la salsa y el rock, que bailaba inmejorablemente. Hincha del Nacional, lo sufría en sus derrotas y leía con furor cultivándose cada día. Vivía la vida con toda intensidad, con una inmensa alegría, pero Colombia estaba siempre en el centro de sus preocupaciones". "Con su muerte perdimos todos, hoy lo vemos ante la orfandad de liderazgos. El crimen buscaba hacerle un daño inmenso al país", anota En su escritorio de la Secretaría de Desarrollo Económico de Bogotá, alcanzamos a ver la resolución de la Fiscalía que hace un par de días declara el crimen de Bernardo Jaramillo como de lesa humanidad, precisamente para que el delito no prescriba. "Hay que saludar este pronunciamiento, con ello se hace un poco de justicia, no solo con Bernardo sino con todo el país.
Y pesar de que las investigaciones establecieron a los hermanos Castaño como los autores materiales, aun hay mucho terreno pendiente en la búsqueda de los autores intelectuales: la verdad deberá ser conocida para que este crimen así como todos los crímenes contra la UP, que son una vergüenza nacional, no queden en la impunidad", afirma. Por su parte su hijo, quien lleva su mismo nombre, y tenía ocho años el día del magnicidio, anota para Centro de Memoria las dos maneras como ve a Bernardo Jaramillo, como ser humano y político "Como padre siempre lo recordaré como un ser cariñoso, entregado a su familia. Le encantaba el deporte y solíamos jugar fútbol mientras se mantenía atento a mis estudios. De igual forma era como mi hermana Paola Tatiana, que me llevaba tres años", recuerda. "A pesar de mi corta edad, e intuyendo los peligros que lo acechaban, me sentía orgulloso de verlo en televisión en sus debates con toda esa fortaleza y oratoria.Era muy gratificante".
Bernardo, que como su padre optó por la carrera del derecho, pero que también es ingeniero electrónico, señala que "siempre tendrá ese vacío de su ausencia como hijo, pero me duele también que las cosas por las que luchó, la apertura democrática, la justicia social, la no exclusión, en todos estos años no se hayan podido cristalizar y hoy estemos aun más alejados del nuevo país que él anhelaba para todos los colombianos", concluye. Tanto Mariela como Bernardo, son claros en torno a la memoria. "No debemos permitir el olvido de los colombianos de sus mártires de todas las vertientes y que han ofrendados sus vidas por los cambios, como Luís Carlos Galán, Jaime Pardo Leal, Carlos Pizarro, de tantos líderes sindicales y agrarios, y todos los que han sido asesinados en este ola de violencia sin nombre", anota Bernardo. "El país debe preservar la memoria, recordar las cosas inmensamente buenas que nos han legado las anteriores generaciones, pero también las peores para no volverlas a repetir", señala Mariela. (1) Lograr la apertura democrática, entrevista con Bernardo Jaramillo, semanario Voz, septiembre 14 de 1989.
Por: Roberto Romero - Centro de Memoria, Paz y Reconciliación