Creció en el Meta oyendo de nuevo las mil una anécdotas de los avatares organizativos de los movimientos agrarios. Por eso desde joven se unió a las luchas por la tierra. Pedro logró ganarse el afecto de todos y ya como militante comunista viaja de un lado a otro del inmenso Llano. En las filas de su partido llega al comité central. Granada, El Castillo, Lejanías, Mesetas, conocen su trajín. Poco después de nacer la Unión Patriótica, es electo diputado a la Asamblea del Meta luego de ser concejal de El Castillo.
Su tenacidad en medio del genocidio de la UP, que comenzara en sus propios albores en 1984, hace que llegue de nuevo a la Asamblea de la región en 1996. Doce años de matanza y "el viejo Peter", como todos le decían con cariño, no se amilana tomando nuevos riesgos. Para entonces en el Meta pasaban de 500 los muertos de la UP, incluido el diputado Rafael Reyes Malagón, hermano de Pedro, el senador Pedro Nel Jiménez, varios alcaldes, decenas de concejales y cientos de activistas. Ir a su oficina de diputado en Villavicencio era todo un viacrucis para Pedro.
No había día que no recibiera amenazas. La víspera de su muerte, una acción militar presagió la tragedia: el ejército allanó la casa del partido comunista incautando dos revólveres y dos chalecos antibalas. Pertenecían, con los papeles en regla, al servicio de seguridad de Pedro. Elementos que le hicieron buena falta el día que lo asesinaron. El 20 de junio de 1996, creyendo que iba a estar más seguro en casa, no fue a su despacho. Además lo aquejaba un dolor en los ojos.
A esos de las 6. 30 de la tarde resolvió salir a la terraza para examinar unas reparaciones que adelantaba. En un santiamén, dos sicarios que lo acechan días tras día y que habían rentado un cuarto en una casa de enfrente, asaltaron el patio disparando casi a quemarropa en la cabeza del líder campesino. Elda Milena, su hija de 16 años, quien en un instintivo arranque de protección filial se había arrojado sobre su padre, recibió dos disparos mortales. Al sepelio, pese al clima de terror contra lo que aun quedaba de la UP en el Meta, acudieron miles de labriegos pobres en una sentida despedida a quien nunca los abandonó en su lucha por la tierra.
El gobernador de entonces recordó el cariño que todos le profesaban al "viejo Peter", muerto a sus 56 años, y quien cerraba el ciclo de magnicidios de la UP en el Meta. Dejó siete hijos y una viuda. La justicia internacional halló responsable al Estado por negligencia en la protección de Pedro Malagón condenándolo en una sentencia de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Sin embargo, el crimen sigue en la impunidad.
Por: Roberto Romero - Centro de Memoria, Paz y Reconciliación