Ellos estaban amenazados por las autodefensas. Ese día, poco antes del asesinato, algunos habitantes de la localidad le advirtieron a la periodista y a los líderes campesinos el peligro que corrían. Incluso una persona que estaba en el restaurante llamó a la policía local pidiéndoles que hicieran presencia pues habían visto a ‘El Mojao’ y a otros paramilitares alrededor del restaurante La Tata. Pero la policía nunca llegó. De pronto una ráfaga de tiros acabó con la vida de los cuatro.
El periodista Fernando Garavito escribió poco después: “Silvia estaba llena de vida y de alegría de vivir. Había roto todas las fronteras, de manera que limitaba por el Norte con la vida. Y por el Sur. Y por Oriente y por el Occidente: con la vida. Estaba enamorada de la risa y enamorada de todas las cosas, de su oficio, de un par de jeans, de estar aquí, de escribir, de hacer un libro...Ahora ella ha quedado suspendida en el tiempo. Ahora ella limita por el Norte con la muerte. Y por el Sur. Y por Oriente y por el Occidente: con la muerte”. La Atcc, fundada en 1987, era una iniciativa para construir una comunidad de paz, neutral frente a los actores del conflicto, en una región que vivía en medio del fuego cruzado entre guerrilla, paramilitares y Ejército.