Tres días antes de su asesinato, el periodista sindicó públicamente a la administración municipal, en cabeza del alcalde Ardila Torres, de haberse aliado con los ’paras’ y advirtió de amenazas en su contra. Según denunció, desde 1999 recibía llamadas telefónicas con amenazas de muerte, por lo que participaba en el programa de protección estatal a periodistas en peligro, tenía un guardaespaldas y había pedido reforzar su seguridad poco antes de ser asesinado.
El paramilitar Pablo Emilio Quintero, y según testimonio rendido por él mismo, invito ese día al periodista a un asado. El periodista llego acompañado de Edwin Ariel Gutiérrez, Oscar Camargo Serrano, Pablo Cesar Montesinos - al parecer escoltas del periodista - y la señora Gloria Eloy Nanclarez quienes también fueron asesinados.